Capítulo 4 – Constancia

Publicado en 1 con etiquetas , , , , , , el Marzo 10, 2009 por Gonzalo

Hace un año aproximadamente empecé con esto del proyecto de libro. Durante muchas etapas de mi vida me vi sofocado por la falta de constancia y predisposición a terminar lo que hago. Muchas personas (sin talento) se ven en una situación similar a la mía. Cúantas veces hemos oído el famoso cliché “El que mucho abarca, poco aprieta”. Sin embargo, hay mucha gente que puede hacer varias actividades al mismo tiempo y ser bueno, muy bueno o un especialista en todas ellas, poniéndonos en ridículo ya que sabemos que no podemos dedicarnos enteramente a una actividad sola al 100% y tener un grado de mediocre para arriba. Estoy bastante cansado del “Pero sos un buen jugador/bajista/ebanista/arquitecto/etc.” El mundo y su redondez elíptica saben que no paso del 5/10 en muchas de las actividades que realizo, pero no necesito vivir de la limosnera caricia al ego que tengo guardado en mi mesita de luz… dentro de un contenedor de desechos nucleares.  

Me encanta la objetividad. Es tan difícil aplicarla, más bien utópico. Sin embargo, está bueno ser objetivo con uno mismo. Sin embargo, todo el mundo piensa que cada rapto de sinceridad absoluta en el que decís “Doy pena jugando al ajedrez” o algo similar, es para que le den una palmada en la espalda y te contesten, con un dejo de lástima similar al de un pichicho que fue aplanado por un colectivo y disfruta en soledad de su suspiro eterno. ¡A veces la gente se sincera con uno mismo, joder! Sincerarse es algo extremadamente positivo en cuanto a mantener una cordura y una actitud realista y de perfil subterráneo, cultura a la cual me abrazo como un submarino ruso a su reactor nuclear de medio pelo (frase estúpida pero necesaria).

En cuánto a demostrar constancia en más de una actividad, creo que es posible. Pero mejor me pongo a escuchar música, no va a ser que empiece con esa costumbre poco sana.

Capítulo 3 – Convivir

Publicado en Capítulos con etiquetas , , , , , , , el Julio 23, 2008 por Gonzalo

Convivir con algo que llevamos dentro es harto difícil. Cuando tenemos algo que no queremos tener las cosas se tornan sacrificadamente complicadas para uno y a veces incomprensibles para los que nos rodean. La capacidad de hacer/decir/etc algo en particular está atada a dos factores muy importantes que poseemos los seres humanos: a) el talento conlleva una responsabilidad o mejor dicho “si sos bueno en eso, no te dediques a otra cosas que lo vas a hacer como el traste”; y b) el talento es directamente proporcional al éxito o en otras palabras “¡Escribís muy bien! Sacas una novela y te llenás de plata”. La característica a) es resultado de la conciencia y de una carga genética heredada desde que dimos el primer paso de simios a simios con raciocinio (al fin y al cabo, somos lo suficientemente estúpidos como raza para matar a la vaca que nos da la leche). El factor b) es el logro social más grande del mundo contemporáneo desde el Facebook (sin palabras). Sin embargo, tanto a) como b) son relativos a cada individuo, pero el talento no es proporcional al éxito. Sino, miren a mi querido Van Gogh, como ejemplo. Si hubiera vivido un par de años más en vez de pegarse el mazazo y finiquitar, se hubiera llenado de morlacos. Vincent es un claro ejemplo de que el talento es una entidad dentro de otra entidad que somos nosotros.

La convivencia con un alter-ego lleno de capacidad (sea artística, económica, social, política, etc) es casi, o en ciertos casos directamente, fatal. ¿Se imaginan vivir con la persona que más odian, diariamente? ¿Y si esa “persona” está dentro nuestro y no hay manera de separarse? Muchas veces he escuchado que la locura es sólo otra forma de ver la realidad, y muchos a los que les chifla el moño tienen sorprendentes capacidades para muchas cosas (de ejemplo tomo al recientemente difunto ajedrecista Bobby Fischer, de quien nadie duda que le faltaban un par de jugadores, pero que era un genio).

La vida sigue y muchos tienen que discutir a diario consigo mismos. En la calle, en el tren, en sus casas. Me pregunto, ¿será que no tengo nadie dentro mío como para confirmar empíricamente mi falta de capacidad (no mental, eso ya está claro) para hacer algo bien? Algunas veces el alter-ego-talento se funde con la persona y son uno solo, pero eso es en muy pocas circunstancias. ¡Que aburrido sería el mundo sin un Charly que se tire del noveno piso y solamente dijera que él es genial! Yo no hablo con nadie, solo con la música que escucho, y con mi familia. Muy de vez en cuando escucho voces en mi mente, pero las voces fuera de mi cuerpo son más convincentes y me dicen “Imbécil, ¿me estás escuchando?”. Ahí es cuando dejo de prestarles atención. Espero que Dave Matthews me de un poco de calma para llamarlas de nuevo.

Capítulo 2 – El merecimiento y su falacia

Publicado en Capítulos con etiquetas , , , , , , , el Julio 17, 2008 por Gonzalo

Durante milenios, muchos seres humanos se dedicaron al sutil arte de reclamar lo que creyeron propio, simplemente, por (creer) merecerlo. Este mérito es directamente proporcional al capítulo anterior, en el que el de al lado no puede/debe merecer algo mejor a lo que nosotros tenemos por diversos y coloridos motivos sólo planteados bajo nuestro único punto de vista absolutistamente objetivo (léase con corrosivo sarcasmo, por favor). El talento de merecer no es un don que se presenta y ya, sino que hay que ejercitarlo duramente a lo largo y ancho de la vida.

Así como hay deportistas de elite en cualquier ridícula actividad o médicos dedicados a disciplinas en extremo variadas; siempre vamos a encontrar gente que “no se merece estar en donde está” porque fue aquel compañero de secundaria que nos golpeaba la oreja hasta dejarla en supernova. Quizás, esas personas desarrollaron un talento para hacer algo lo cual no podemos hacer o, simplemente, no decidimos. También cabe la posibilidad de que ellos hayan evolucionado y se hayan arrepentido de haber causado calvarios surtidos en las vidas de muchas personas, los mismos prescribieron hace años pero dominan sesiones de psicoanálisis a menudo, creando como ven, una nueva rama en la ciencia de nuestro amigo Freud. Sin embargo, el merecimiento siempre va a tomar el punto de vista mas rebuscadamente doloroso para nuestro ego y afirmará en nuestra conciencia todos los negativismos posibles tales como “es un tenista mediocre”, “yo sería mejor que él” o el clásico de muchos “¿Te recetó eso y es médico? Yo debería ser Doctor antes que ese pasorule”.

Es bueno darse cuenta que muchas personas llegaron a donde están sin la regla del merecimiento, pero ésta es aplicable únicamente a casos de gente que está por debajo de la línea del trabajo duro y sacrificio. Cualquier cosa que implique sudor y lágrimas suena demasiado… tristemente hediondo para muchos. Repito que el merecimiento es un arte, sobre el cual yo adoro escuchar y comentar. Pero, de ahora en más me dedicaré a resignar esa habilidad para no desarrollarla y volveré, una vez más a subir un poco el volumen cuando las orejas me piquen un poco. No vaya a ser que alguien esté golpeándolas de nuevo.

Capítulo 1 – La vida se dedicará a darle más al de al lado

Publicado en Capítulos con etiquetas , , , , , el Julio 15, 2008 por Gonzalo

Buenas, bienvenidos a este pequeño espacio que decidí crear después de mucho tiempo. El real motivo de este blog es simplemente que todos podamos ver que el talento es una faceta indispensable en la vida de un individuo y que, si llegaron a ésta página, es porque no poseen ninguno; o en su defecto, el que les pasó este blog no lo tiene. Dudo que alguna vez un futbolista de elite o un físico nuclear se tome la molestia y pérdida de tiempo de leer esto.

El primer post lo quiero dedicar a un tema que todos tenemos bien arraigados en nuestro genoma cultural, el cual es Al de al lado le va mejor que a mi, o en resumidas cuentas “Ese es un pelotudo y gana más que yo”. Desde que somos bien pequeños, la vida ya sea por medio de nuestros padres, hermanos, amigos o simplemente desconocidos (en el 75% de los casos son extraños que se sentaron al lado nuestro en el bondi durante ese bendito día que queres prender fuego la oficina y se te pone a hablar) se dedica a gestionar y administrar el odio y resentimiento hacia el que tiene el don de algo. He visto durante toda mi pre y adolescencia cómo compañeros de club poseían habilidades insospechadas para jugar diferentes deportes mientras yo siempre era el gordito al arco o el típico pivot tosco y sin fundamentos para jugar al basquet. He presenciado el desarrollo intelectual de muchos de mis amigos/colegas mientras yo me dedicaba a leer los avisos fúnebres del diario, pensando que un día voy a estar ahí y no voy a poder leerlo.

A medida que fue pasando el tiempo, fui comprendiendo que, evidentemente, el talento que tienen otras personas para alguna actividad es directamente proporcional a la autoestima (don del que carezco genéticamente) y también es una suerte de ventaja evolutiva. ¿Pueden imaginarse qué peligro podría ser un individuo como yo siendo un talentoso orfebre? La responsabilidad de un talento requiere también un mejor dominio de otras facetas personales, con lo que sería un orfebre tan estúpido que pondría las manos en la materia prima mientras está en punto de fusión.

La vida está a la espera de darte un cachetazo, el punto es que siempre se toma la molestia de hacerlo en donde más le duele al ego personal, y si somos personas carentes de él, agrandará con placer voraz ese hueco en el interior. Uno verá cómo la desdichada vida regará y cuidará el talento de muchas personas que nosotros odiaremos mucho y con ánimo tenaz. Siempre, el de al lado, estará mejor. El punto está en ponerse auriculares e ignorar ése golpe o esperar con garra la violenta patada en los huevos. Y yo soy de los que escuchan con el volumen fuerte.