Capítulo 2 – El merecimiento y su falacia

Durante milenios, muchos seres humanos se dedicaron al sutil arte de reclamar lo que creyeron propio, simplemente, por (creer) merecerlo. Este mérito es directamente proporcional al capítulo anterior, en el que el de al lado no puede/debe merecer algo mejor a lo que nosotros tenemos por diversos y coloridos motivos sólo planteados bajo nuestro único punto de vista absolutistamente objetivo (léase con corrosivo sarcasmo, por favor). El talento de merecer no es un don que se presenta y ya, sino que hay que ejercitarlo duramente a lo largo y ancho de la vida.

Así como hay deportistas de elite en cualquier ridícula actividad o médicos dedicados a disciplinas en extremo variadas; siempre vamos a encontrar gente que “no se merece estar en donde está” porque fue aquel compañero de secundaria que nos golpeaba la oreja hasta dejarla en supernova. Quizás, esas personas desarrollaron un talento para hacer algo lo cual no podemos hacer o, simplemente, no decidimos. También cabe la posibilidad de que ellos hayan evolucionado y se hayan arrepentido de haber causado calvarios surtidos en las vidas de muchas personas, los mismos prescribieron hace años pero dominan sesiones de psicoanálisis a menudo, creando como ven, una nueva rama en la ciencia de nuestro amigo Freud. Sin embargo, el merecimiento siempre va a tomar el punto de vista mas rebuscadamente doloroso para nuestro ego y afirmará en nuestra conciencia todos los negativismos posibles tales como “es un tenista mediocre”, “yo sería mejor que él” o el clásico de muchos “¿Te recetó eso y es médico? Yo debería ser Doctor antes que ese pasorule”.

Es bueno darse cuenta que muchas personas llegaron a donde están sin la regla del merecimiento, pero ésta es aplicable únicamente a casos de gente que está por debajo de la línea del trabajo duro y sacrificio. Cualquier cosa que implique sudor y lágrimas suena demasiado… tristemente hediondo para muchos. Repito que el merecimiento es un arte, sobre el cual yo adoro escuchar y comentar. Pero, de ahora en más me dedicaré a resignar esa habilidad para no desarrollarla y volveré, una vez más a subir un poco el volumen cuando las orejas me piquen un poco. No vaya a ser que alguien esté golpeándolas de nuevo.

3 comentarios para “Capítulo 2 – El merecimiento y su falacia”

  1. Nowonda Dijo:

    Antes que nada, sms para la señorita que posteó antes… ¿qué pasa con los Ingenieros?? Yo no creo ser ese muchacho que te golpeaba la oreja en la secundaria… No existen axiomas para este tipo de cosas! Qar debería haber dicho que muchos de esos individuos se dedican a ser profesores de Educación Física (entendiste Pichu, no?).

    En fin, creo que lo que vos planteas surge de la mediocridad del ser humano de creerse capaz de opinar de cualquier cosa, y juzgar a cualquier persona. Por supuesto que hay muchos veterinarios dando vueltas por ahi con el título de médico, ¿pero acaso estamos tan seguros de que en su lugar nosotros seriamos infalibles, y lo haríamos mejor que él? Esa es la pedantería barata de muchos seres humanos, o quizás del Argentino en particular.

    El Argentino se caracteriza por hablar mucho. Exclama expresiones gramaticales tales como: “Qué país de Mierda!”; “Qué políticos del Orto”; “Nadie Respeta nada!”. Eso sí, después, 3 de cada 4 argentinos salen a la calle y no contribuyen en nada a tener un país mejor. 3 de 4 son chantas, irresponsables, irrespetuosos. Basta verlos manejar. Pero claro, si ellos fueran políticos, lo harían mucho mejor que los que ya están ahí!! Ellos no robarían, y harían las cosas bien. Serían super eficientes y no meterían la mano en la lata. Pero no son capaces de respetar simples normas de tránsito, ni al que tienen al lado.

    A esos Argentinos les dedico una sola frase: Se pueden ir bien a la mierda!. Ja, me saqué un poquito. En fin… cuando abandoné esta tierra, y me vaya a otro país, espero encontrarme con gente que dentro de sus posibilidades, trate de hacer del lugar en el que viven, un buen hábitat.

    Y a veces creo que esa gente que llega a lugares en los que no debería estar, tiene en el fondo un don: el don de buscar las oportunidades, y la suerte de encontrarlas. Tan sólo podemos influir sobre la primera, la segunda está impresa en nuestra secuencia de adenina, citosina, timina y guaninas…

  2. Gonzalo Dijo:

    Muchas gracias por los comments, me gusta esto de que haya muchas opiniones! De verdad, muchas gracias, abrazos para todos.
    Gonzo!

  3. El talento esta mas alla de explotarlo,mas alla de desarrollarlo,hay personas que nacen con un talento que da a luz solo, de manera natural sin necesidad de que ella misma se de cuenta,hay otras que son quizas personas tristes que tinen un don en algo que no los hace felices y sin embargo lo explotan porque quieren ser buenos en algo,porque tienen esa capacidad.no les ha pasado pensar que podrian hacer cosas increibles y ser buenos en ello pero no lo hacen porque no esta en su esencia…yo tengo un talento que odio(vos sabes cual es)y que mas que talento para mi es una maldicion que muchos otros quisieran tener

Escribe un comentario