Capítulo 3 – Convivir

Convivir con algo que llevamos dentro es harto difícil. Cuando tenemos algo que no queremos tener las cosas se tornan sacrificadamente complicadas para uno y a veces incomprensibles para los que nos rodean. La capacidad de hacer/decir/etc algo en particular está atada a dos factores muy importantes que poseemos los seres humanos: a) el talento conlleva una responsabilidad o mejor dicho “si sos bueno en eso, no te dediques a otra cosas que lo vas a hacer como el traste”; y b) el talento es directamente proporcional al éxito o en otras palabras “¡Escribís muy bien! Sacas una novela y te llenás de plata”. La característica a) es resultado de la conciencia y de una carga genética heredada desde que dimos el primer paso de simios a simios con raciocinio (al fin y al cabo, somos lo suficientemente estúpidos como raza para matar a la vaca que nos da la leche). El factor b) es el logro social más grande del mundo contemporáneo desde el Facebook (sin palabras). Sin embargo, tanto a) como b) son relativos a cada individuo, pero el talento no es proporcional al éxito. Sino, miren a mi querido Van Gogh, como ejemplo. Si hubiera vivido un par de años más en vez de pegarse el mazazo y finiquitar, se hubiera llenado de morlacos. Vincent es un claro ejemplo de que el talento es una entidad dentro de otra entidad que somos nosotros.

La convivencia con un alter-ego lleno de capacidad (sea artística, económica, social, política, etc) es casi, o en ciertos casos directamente, fatal. ¿Se imaginan vivir con la persona que más odian, diariamente? ¿Y si esa “persona” está dentro nuestro y no hay manera de separarse? Muchas veces he escuchado que la locura es sólo otra forma de ver la realidad, y muchos a los que les chifla el moño tienen sorprendentes capacidades para muchas cosas (de ejemplo tomo al recientemente difunto ajedrecista Bobby Fischer, de quien nadie duda que le faltaban un par de jugadores, pero que era un genio).

La vida sigue y muchos tienen que discutir a diario consigo mismos. En la calle, en el tren, en sus casas. Me pregunto, ¿será que no tengo nadie dentro mío como para confirmar empíricamente mi falta de capacidad (no mental, eso ya está claro) para hacer algo bien? Algunas veces el alter-ego-talento se funde con la persona y son uno solo, pero eso es en muy pocas circunstancias. ¡Que aburrido sería el mundo sin un Charly que se tire del noveno piso y solamente dijera que él es genial! Yo no hablo con nadie, solo con la música que escucho, y con mi familia. Muy de vez en cuando escucho voces en mi mente, pero las voces fuera de mi cuerpo son más convincentes y me dicen “Imbécil, ¿me estás escuchando?”. Ahí es cuando dejo de prestarles atención. Espero que Dave Matthews me de un poco de calma para llamarlas de nuevo.

Leave a Reply