Capítulo 5 – Constancia (su demostración empírica)
Hace mucho tiempo que no escribo y yo creo que ya me he olvidado de esta faceta de mi persona, la cual florece y muere constantemente, tratando de completar su ciclo de vidas budistas y desaparecer finalmente de mi lista de aptitudes y capacidades. Me limito a ser el sujeto de análisis del post anterior, demostrando que mi capacidad de constancia está determinada por una hipérbola. Mucha gente se enfrenta al reto de hacer cosas y abandonarlas constantemente, hasta que una de ellas resulta ser lo suficientemente adecuada como para extender su vida media tanto como se extiende la suya propia. Es como el gran Inodoro Pereyra, tratando de encontrar algo que hacer, sin darse cuenta que, además de ser un excelente comentarista de tormentas y retratista de la vida en sí, era muy bueno no haciendo nada y sin embargo, él se contentaba con sacarle un empate a la vida.
A veces, el conformismo es un gran amigo de la mediocridad, pero a su vez, es pareja de la felicidad y amante de la tranquilidad. Ser obtuso y poco ambicioso generalmente está vinculado al camino de la paz espiritual y de la solución a los problemas; ya que los problemas no son más que para los que los buscan. Nadie entiende como ésto funciona así, pero es Ley Universal que las respuestas, siempre, traen más preguntas que las respondidas. Es trabajo de la constancia ir llenando, granito a granito, el reloj de arena de las respuestas a las preguntas; con paciencia de orfebre y con la noción de que nunca vamos a llenar el frasco, porque está agujereado en el fondo.
Otra forma de destacar la constancia de las personas, es a través de los estudios. Si uno tiene en su haber, por lo menos, 3 tipos de estudios distintos, simétricamente opuestos entre sí y están incluídos en un margen de tiempo más bien corto, queda claro que la constancia es un debe en nuestra hoja de Balance de la Vida. A medida que pasa el tiempo, también se busca retomar éstas actividades al menos de modo part-time, y de manera muy poco convincente. A veces, abrazarse a una nueva oportunidad de rehacer algo suena a un modo de cerrar alguna que otra puerta dentro de nuestras frustraciones. Pero es un arma de doble filo, ya que el no completar el proceso de cierre de esa puerta, hace que la frustración pase de ser una puerta, a un portal de un garage de 2 plazas. Occam tenía razón, y la respuesta más simple, generalmente, es la correcta. Voy a hacer como Inodoro Pereyra y comentaré tormentas. Espero ser bueno en eso.